Mensaje Muisca

Mensaje de Mauricio Ardilla, sabio de la comunidad  Muisca de Colombia

“En estos días he estado consultando el territorio y revisando sobre la situación actual. Hay mucho miedo, rabia, tristeza, etc. dando vueltas que a veces no nos permite ver la oportunidad que tenemos en frente.  Por cientos de años, si no miles, la humanidad se ha ido alejando cada vez más de un orden, centrándose cada vez más en las leyes humanas creyendo poder desde ahí regirlo todo. Pero hay un Orden Mayor, una Ley Mayor, que es superior a la de la humanidad. Esa ley permite un orden del todo, entre todo, y por el bienestar de todo. Al ser un orden que viene del Origen, se rige por pilares fundamentales muy simples. La manera como se manifiesta ese Orden Mayor en cada territorio, es la Ley de Origen de cada pueblo. Es la manera local en que se viven esos pilares fundamentales simples a través del territorio local. Desde nuestro territorio de origen Muisca, leemos que uno de los pilares fundamentales de ese orden mayor son siete estados, que para nosotros es el Primer Acuerdo. Esos siete estados son: Humildad, Honestidad, Respeto, Verdad, Sabiduría, Fortaleza, y Amor. Son la aseguranza que surge de la primera relación, de la dualidad como fundamento de la creación, que ordena esa y cualquier relación. Es decir, es la posibilidad que tenemos de vivir ese Orden Mayor a través de nuestras relaciones. 
 
Con el tiempo, la humanidad al alejarse del Orden Mayor, empezó a irrespetar las casas de todo… los tiempos de todo. Comenzó a volar las montañas, a correr los ríos, a trancar las aguas. Se invento relojes y tiempos, extendió el día con la luz artificial, esclavizo animales y plantas, aguas y fuegos, tierra y aire para su beneficio. Creó sistemas políticos y económicos desde y para los humanos, se inventó dioses a nuestra imagen y semejanza, y desde ahí, creyó poder regirse y regirlo todo.  En pocas palabras, secuestró la casa, casa que era y es de todos. La humanidad, dejó de escuchar a todos, a madre y padre, al Orden Mayor, y se centró en escucharse a sí mismo. Y la mayoría dejo de escuchar el consejo. 
 
Hace unos 15 años, en una reunión de abuelos en el Amazonas, se nombraba que las medicinas tenían que volver a su casa. Que era el momento que cada pueblo revisara su casa. Hace unos seis años, en una reunión acá en nuestro lugar de origen Muisca, 28 abuelos de los pueblos ancestrales colombianos, desde la consulta, llegaban a la misma conclusión. Cada pueblo tiene que ir a ordenar su casa. En los pueblos de Norteamérica, igual salía el mismo consejo. Por años algunos abuelos de los pueblos de la Sierra Nevada, de la cordillera de los Andes, del Amazonas, de Centroamérica, de Norteamérica, han estado compartiendo un llamado a hacer cambios desde ese Orden Mayor. 
Como cualquier sistema natural, es un sistema flexible que respeta los tiempos de cambio, de ajustes, de modificaciones, que se adapta, que está vivo. Es el resultado de infinidad de relaciones entre las partes que lo componen, y está constantemente en evolución. Cuando se registran hechos que alteran ese orden natural de cambios continuos, el sistema reacciona. Es como si en nuestro cuerpo a la cabeza se le ocurriera robarse la sangre de las arterias porque quiere más sangre para su desarrollo, sin importar que esa sangre es el alimento para todo el cuerpo, para cada órgano, que tiene una función para todos. El cuerpo reaccionará de alguna forma para compensar este atropello. Igual se sentirá este cuerpo que es el todo, específicamente este cuerpo que es el planeta y sus relaciones, cuando robamos el agua sin importar que está en relación de bienestar con todos los seres. 
 
Hoy, estamos siendo obligados a una cuarentena en nuestras casas por un virus que aparece. Veo entonces, una oportunidad para hacer la tarea. Revisar y ordenar la casa. Pero no solo la casa física. Ordenar la Casa. Desde el Orden Mayor. 
 
Todo tiene que volver a su casa, a ordenar su casa, cada uno a revisar su casa. Las medicinas deben volver a su casa. Las religiones deben volver a su casa. Los sistemas políticos y económicos deben revisarse. Deben revisarse y reordenarse desde ese Orden Mayor. Pasarlo todo por esos siete estados. Idealmente, sería volver a vivir cada uno desde la Ley de Origen que le corresponde, respetando y tejiéndose con las leyes de origen de otros. En un principio, sería ideal volver a sembrar lo que uno come, vestirse con lo que uno teje, y hacer la casa con el material donde va a estar, pidiendo permiso y agradeciendo. Pero esto va a ser difícil si no imposible ahora para muchos. Pero igual se debe comenzar a caminar hacia el sueño. Se puede. Se debe. Uno de los cambios profundos de seguir ese Orden Mayor, es pensar comunitario y no desde el bienestar individual, de una familia, grupo, comunidad humana en particular. Comunidad con todo. Por el bienestar de todo. 
 
Para nosotros, el seguir ese orden mayor implica un ordenamiento. La primera casa que continuamente hay que ordenar es el individuo. Yo. Cómo estoy pensando? Qué estoy alimentando con la palabra, con mis acciones? Cómo estoy cuidando mis relaciones? Cómo cuido mi agua, mi fuego, mi aire, mi tierra? Qué decisiones estoy tomando? Se parte esa revisión desde lo cotidiano… Es ahí donde hay que hacer la tarea. Por años se pensó hacerlo desde los espacios ceremoniales. Hay que volver a que lo cotidiano es una ceremonia constante.  Todo es sagrado. Y desde lo cotidiano, cuidar la palabra… cuidar el pensamiento. El pensamiento crea, alimenta y la palabra lo pone en movimiento. Estar atento, por ejemplo, a palabras como todos, siempre, nunca, jamás. Los absolutos pueden esconder juicios. Cómo hablo del otro? De qué patrones culturales participo que no están alineados con ese Orden Mayor? Estar atentos a lo que participo. Cada vez que compro algo, qué estoy alimentando? Empezar por conseguir el alimento de la siembra local. Lo de la casa. Por qué hay mangos en invierno en países con estaciones? Qué implica tener ese mango ahí? Comenzar a respetar los tiempos. Comenzar a escuchar a los otros. A todo. Cambiar diferencias por diversidades. Saber que no puedo hablar desde la verdad como si la poseo. Si no de una parte que es mi vivencia, y desde la relación con otros, desde esos siete estados, poder sentarnos a escuchar para entre todos conocer un poco mas de esa verdad. Volver a escuchar es la tarea ahora. 
La segunda casa es la pareja. Compañero o compañera. Y ahí hacer la misma tarea. Pasar mi relación por el filtro de esos siete estados. Me relaciono con el otro desde la humildad, honestidad, respeto, sabiduría, fortaleza, amor y verdad? Realmente estoy escuchando al otro o me estoy escuchando a mí mismo? Estoy pegando con la palabra? Mi relación está basada en condiciones? Vivir desde esos siete estados no esta condicionado a nada. Se entrega amor sin esperar amor. Se entrega respeto sin esperar respeto. La tarea personal no esta condicionada si el otro la hace o no. Si los gobiernos lo hacen o no. Eso es tarea del otro, pero no se puede negociar mi tarea si el otro no la hace. En la pareja, hay que cuidar y alimentar ese espacio desde esos siete estados, porque es lo que nos permite llegar a acuerdos en la diversidad.
 
La tercera casa es la familia, y se multiplican las relaciones que hay que estar atentos. Cómo estoy relacionándome con los hijos/as, padre, madre, tías, tíos, primos, abuelos/as etc? Cada una de esas relaciones, revisarlas desde esos siete estados. Qué les estoy transmitiendo? Cómo estamos educando a los hijos/as? Transmitimos lo que somos, lo que vivimos, en lo cotidiano. No desde la palabra. Es desde la vivencia. 
 
La cuarta casa es la comunidad. Qué estoy haciendo por mi comunidad? Cómo estoy participando de la creación y qué hago por el bienestar de los demás? De nada sirve estar bien como individuo y no entregarlo al servicio. Participo desde lo que soy y hasta lo que soy. El tejido real no solo es desde la palabra, es desde el escuchar… Se habla mucho, pero se escucha poco. Hay que revisar las estructuras sociales, económicas, políticas y de justicia desde ese filtro de esos siete estados. Los espacios que hemos creado para llegar a acuerdos, para andar en el camino del bienestar, están viciados de ego, de poder, de miedo, de rabia, de la visión limitada del bienestar para el ser humano. Preguntarnos si en el senado, los concejos, las juntas de acción comunal, los juzgados, las presidencias, que son los espacios de donde salen las leyes humanas, se revisan y se aplican, donde llegamos a acuerdos para el bienestar de todos, están en la humildad, la honestidad, el respeto, la sabiduría, la fortaleza, el amor y la verdad? Igual hacerlo con las estructuras económicas, las estructuras sociales y culturales. Idealmente, las directrices que deben seguir estas estructuras humanas deben direccionarse desde la lectura de la ley de origen. Eso implica una consulta constante por quienes tienen la capacidad de escuchar el Orden Mayor desde el territorio, que dicta el qué hacer. No es solamente una decisión humana, es una dirección, una decisión, que tomamos a partir de un orden mayor. 
La quinta casa es el territorio. El territorio es un contenedor, un espacio un cuerpo vivo donde se manifiestan y viven las relaciones entre todo lo que lo compone. Cada piedra, cada árbol, cada pozo, cada río, cada persona, cada animal, cada planta… cada uno de los elementos influye y es influido por el otro en el tejido del territorio. Cada uno tiene su función. Cada uno es esencial. Cómo estoy cuidando las infinitas relaciones que hay en el territorio? Con las aguas, la tierra, las piedras, las plantas, los bosques, los animales, etc? Estoy respetando sus casas, sus tiempos? Es una relación utilitaria? (Lo cuido porque me sirve, lo necesito) No se trata de cuidar el “medio ambiente” como algo que cuidar porque lo necesitamos, porque nos sirve. 
 
La sexta casa es nuestra relación con el Orden Mayor. Es eso que algunos llaman lo “espiritual”, lo “sagrado”. La palabra deja de tener sentido cuando vivimos que todo es espiritual. Todo viene del mismo origen. Del mismo padre y madre. Todo es sagrado. Tenemos la oportunidad de revisar nuestra relación con esta casa. Se han escrito libros, se han seguido personas y sus ejemplos, se ha dejado pintado en las piedras, dejado su sonido en los cantos, su memoria en las semillas, su fluir en las aguas, su luz en los fuegos, su aseguranza en las familias. Todos tenemos acceso a leer, a relacionarnos, con ese orden mayor. No es de algunos especiales, de algunos escogidos, de algunos iluminados. Es desde la vivencia propia, no desde la palabra prestada, que quisiéramos relacionarnos con esto. Quienes han tenido la vivencia de ese Orden Mayor, tienen la responsabilidad de acompañar a otros a que lo vivan, no a transmitir la palabra, no a enseñar, no a separarnos de vivirlo, no a crear intermediarios, no a entregarlo desde el conocimiento. La tarea es acompañar. Y para hacerlo, es necesario recuperar hacer silencio. Esa es la sabiduría. No está en el conocimiento. Está en el silencio. Y una vez esa relación se vuelve propia, se vuelven a revisar las casas, pues las preguntas qué resolver son constantes. Quién soy y cuál es mi función desde esa relación con el Orden Mayor. Es reconocer dónde es mi asiento, dónde acompaño. Desde……………, acompaño a los hijos/as como padre o madre, a la pareja, a la comunidad, al territorio. Pero desde quien soy. Todos podemos. El que siembra desde el campo. El que comparte desde la educación. El que se entrega desde las medicinas, como médico. El que se sienta a hacer la tarea con el territorio, a la lectura del orden. Todos podemos. Y cuando el asiento propio está claro, no hay que buscar nada más. Desde ahí, podemos participar del orden del todo. 
 
El camino de regreso va a ser largo, para algunos doloroso, e implica cambiar patrones de vida para pensar en el bienestar de todo, por el orden del todo, desde la lectura, no la interpretación, del Orden Mayor a partir de la Ley de Origen de cada uno. Es el momento para hacerlo con rigor, no rigidez. No podemos darnos el lujo de no hacerlo. Si no lo hacemos, corremos el riesgo de ser como el adolescente que está empeñado en acabar con la casa sin escuchar el consejo. Y finalmente, nos terminarán expulsando de la casa.”

Mensaje de Mauricio Ardilla, sabio de la comunidad  Muisca de Colombia

“En estos días he estado consultando el territorio y revisando sobre la situación actual. Hay mucho miedo, rabia, tristeza, etc. dando vueltas que a veces no nos permite ver la oportunidad que tenemos en frente.  Por cientos de años, si no miles, la humanidad se ha ido alejando cada vez más de un orden, centrándose cada vez más en las leyes humanas creyendo poder desde ahí regirlo todo. Pero hay un Orden Mayor, una Ley Mayor, que es superior a la de la humanidad. Esa ley permite un orden del todo, entre todo, y por el bienestar de todo. Al ser un orden que viene del Origen, se rige por pilares fundamentales muy simples. La manera como se manifiesta ese Orden Mayor en cada territorio, es la Ley de Origen de cada pueblo. Es la manera local en que se viven esos pilares fundamentales simples a través del territorio local. Desde nuestro territorio de origen Muisca, leemos que uno de los pilares fundamentales de ese orden mayor son siete estados, que para nosotros es el Primer Acuerdo. Esos siete estados son: Humildad, Honestidad, Respeto, Verdad, Sabiduría, Fortaleza, y Amor. Son la aseguranza que surge de la primera relación, de la dualidad como fundamento de la creación, que ordena esa y cualquier relación. Es decir, es la posibilidad que tenemos de vivir ese Orden Mayor a través de nuestras relaciones. 
 
Con el tiempo, la humanidad al alejarse del Orden Mayor, empezó a irrespetar las casas de todo… los tiempos de todo. Comenzó a volar las montañas, a correr los ríos, a trancar las aguas. Se invento relojes y tiempos, extendió el día con la luz artificial, esclavizo animales y plantas, aguas y fuegos, tierra y aire para su beneficio. Creó sistemas políticos y económicos desde y para los humanos, se inventó dioses a nuestra imagen y semejanza, y desde ahí, creyó poder regirse y regirlo todo.  En pocas palabras, secuestró la casa, casa que era y es de todos. La humanidad, dejó de escuchar a todos, a madre y padre, al Orden Mayor, y se centró en escucharse a sí mismo. Y la mayoría dejo de escuchar el consejo. 
 
Hace unos 15 años, en una reunión de abuelos en el Amazonas, se nombraba que las medicinas tenían que volver a su casa. Que era el momento que cada pueblo revisara su casa. Hace unos seis años, en una reunión acá en nuestro lugar de origen Muisca, 28 abuelos de los pueblos ancestrales colombianos, desde la consulta, llegaban a la misma conclusión. Cada pueblo tiene que ir a ordenar su casa. En los pueblos de Norteamérica, igual salía el mismo consejo. Por años algunos abuelos de los pueblos de la Sierra Nevada, de la cordillera de los Andes, del Amazonas, de Centroamérica, de Norteamérica, han estado compartiendo un llamado a hacer cambios desde ese Orden Mayor. 
Como cualquier sistema natural, es un sistema flexible que respeta los tiempos de cambio, de ajustes, de modificaciones, que se adapta, que está vivo. Es el resultado de infinidad de relaciones entre las partes que lo componen, y está constantemente en evolución. Cuando se registran hechos que alteran ese orden natural de cambios continuos, el sistema reacciona. Es como si en nuestro cuerpo a la cabeza se le ocurriera robarse la sangre de las arterias porque quiere más sangre para su desarrollo, sin importar que esa sangre es el alimento para todo el cuerpo, para cada órgano, que tiene una función para todos. El cuerpo reaccionará de alguna forma para compensar este atropello. Igual se sentirá este cuerpo que es el todo, específicamente este cuerpo que es el planeta y sus relaciones, cuando robamos el agua sin importar que está en relación de bienestar con todos los seres. 
 
Hoy, estamos siendo obligados a una cuarentena en nuestras casas por un virus que aparece. Veo entonces, una oportunidad para hacer la tarea. Revisar y ordenar la casa. Pero no solo la casa física. Ordenar la Casa. Desde el Orden Mayor. 
 
Todo tiene que volver a su casa, a ordenar su casa, cada uno a revisar su casa. Las medicinas deben volver a su casa. Las religiones deben volver a su casa. Los sistemas políticos y económicos deben revisarse. Deben revisarse y reordenarse desde ese Orden Mayor. Pasarlo todo por esos siete estados. Idealmente, sería volver a vivir cada uno desde la Ley de Origen que le corresponde, respetando y tejiéndose con las leyes de origen de otros. En un principio, sería ideal volver a sembrar lo que uno come, vestirse con lo que uno teje, y hacer la casa con el material donde va a estar, pidiendo permiso y agradeciendo. Pero esto va a ser difícil si no imposible ahora para muchos. Pero igual se debe comenzar a caminar hacia el sueño. Se puede. Se debe. Uno de los cambios profundos de seguir ese Orden Mayor, es pensar comunitario y no desde el bienestar individual, de una familia, grupo, comunidad humana en particular. Comunidad con todo. Por el bienestar de todo. 
 
Para nosotros, el seguir ese orden mayor implica un ordenamiento. La primera casa que continuamente hay que ordenar es el individuo. Yo. Cómo estoy pensando? Qué estoy alimentando con la palabra, con mis acciones? Cómo estoy cuidando mis relaciones? Cómo cuido mi agua, mi fuego, mi aire, mi tierra? Qué decisiones estoy tomando? Se parte esa revisión desde lo cotidiano… Es ahí donde hay que hacer la tarea. Por años se pensó hacerlo desde los espacios ceremoniales. Hay que volver a que lo cotidiano es una ceremonia constante.  Todo es sagrado. Y desde lo cotidiano, cuidar la palabra… cuidar el pensamiento. El pensamiento crea, alimenta y la palabra lo pone en movimiento. Estar atento, por ejemplo, a palabras como todos, siempre, nunca, jamás. Los absolutos pueden esconder juicios. Cómo hablo del otro? De qué patrones culturales participo que no están alineados con ese Orden Mayor? Estar atentos a lo que participo. Cada vez que compro algo, qué estoy alimentando? Empezar por conseguir el alimento de la siembra local. Lo de la casa. Por qué hay mangos en invierno en países con estaciones? Qué implica tener ese mango ahí? Comenzar a respetar los tiempos. Comenzar a escuchar a los otros. A todo. Cambiar diferencias por diversidades. Saber que no puedo hablar desde la verdad como si la poseo. Si no de una parte que es mi vivencia, y desde la relación con otros, desde esos siete estados, poder sentarnos a escuchar para entre todos conocer un poco mas de esa verdad. Volver a escuchar es la tarea ahora. 
La segunda casa es la pareja. Compañero o compañera. Y ahí hacer la misma tarea. Pasar mi relación por el filtro de esos siete estados. Me relaciono con el otro desde la humildad, honestidad, respeto, sabiduría, fortaleza, amor y verdad? Realmente estoy escuchando al otro o me estoy escuchando a mí mismo? Estoy pegando con la palabra? Mi relación está basada en condiciones? Vivir desde esos siete estados no esta condicionado a nada. Se entrega amor sin esperar amor. Se entrega respeto sin esperar respeto. La tarea personal no esta condicionada si el otro la hace o no. Si los gobiernos lo hacen o no. Eso es tarea del otro, pero no se puede negociar mi tarea si el otro no la hace. En la pareja, hay que cuidar y alimentar ese espacio desde esos siete estados, porque es lo que nos permite llegar a acuerdos en la diversidad.
 
La tercera casa es la familia, y se multiplican las relaciones que hay que estar atentos. Cómo estoy relacionándome con los hijos/as, padre, madre, tías, tíos, primos, abuelos/as etc? Cada una de esas relaciones, revisarlas desde esos siete estados. Qué les estoy transmitiendo? Cómo estamos educando a los hijos/as? Transmitimos lo que somos, lo que vivimos, en lo cotidiano. No desde la palabra. Es desde la vivencia. 
 
La cuarta casa es la comunidad. Qué estoy haciendo por mi comunidad? Cómo estoy participando de la creación y qué hago por el bienestar de los demás? De nada sirve estar bien como individuo y no entregarlo al servicio. Participo desde lo que soy y hasta lo que soy. El tejido real no solo es desde la palabra, es desde el escuchar… Se habla mucho, pero se escucha poco. Hay que revisar las estructuras sociales, económicas, políticas y de justicia desde ese filtro de esos siete estados. Los espacios que hemos creado para llegar a acuerdos, para andar en el camino del bienestar, están viciados de ego, de poder, de miedo, de rabia, de la visión limitada del bienestar para el ser humano. Preguntarnos si en el senado, los concejos, las juntas de acción comunal, los juzgados, las presidencias, que son los espacios de donde salen las leyes humanas, se revisan y se aplican, donde llegamos a acuerdos para el bienestar de todos, están en la humildad, la honestidad, el respeto, la sabiduría, la fortaleza, el amor y la verdad? Igual hacerlo con las estructuras económicas, las estructuras sociales y culturales. Idealmente, las directrices que deben seguir estas estructuras humanas deben direccionarse desde la lectura de la ley de origen. Eso implica una consulta constante por quienes tienen la capacidad de escuchar el Orden Mayor desde el territorio, que dicta el qué hacer. No es solamente una decisión humana, es una dirección, una decisión, que tomamos a partir de un orden mayor. 
La quinta casa es el territorio. El territorio es un contenedor, un espacio un cuerpo vivo donde se manifiestan y viven las relaciones entre todo lo que lo compone. Cada piedra, cada árbol, cada pozo, cada río, cada persona, cada animal, cada planta… cada uno de los elementos influye y es influido por el otro en el tejido del territorio. Cada uno tiene su función. Cada uno es esencial. Cómo estoy cuidando las infinitas relaciones que hay en el territorio? Con las aguas, la tierra, las piedras, las plantas, los bosques, los animales, etc? Estoy respetando sus casas, sus tiempos? Es una relación utilitaria? (Lo cuido porque me sirve, lo necesito) No se trata de cuidar el “medio ambiente” como algo que cuidar porque lo necesitamos, porque nos sirve. 
 
La sexta casa es nuestra relación con el Orden Mayor. Es eso que algunos llaman lo “espiritual”, lo “sagrado”. La palabra deja de tener sentido cuando vivimos que todo es espiritual. Todo viene del mismo origen. Del mismo padre y madre. Todo es sagrado. Tenemos la oportunidad de revisar nuestra relación con esta casa. Se han escrito libros, se han seguido personas y sus ejemplos, se ha dejado pintado en las piedras, dejado su sonido en los cantos, su memoria en las semillas, su fluir en las aguas, su luz en los fuegos, su aseguranza en las familias. Todos tenemos acceso a leer, a relacionarnos, con ese orden mayor. No es de algunos especiales, de algunos escogidos, de algunos iluminados. Es desde la vivencia propia, no desde la palabra prestada, que quisiéramos relacionarnos con esto. Quienes han tenido la vivencia de ese Orden Mayor, tienen la responsabilidad de acompañar a otros a que lo vivan, no a transmitir la palabra, no a enseñar, no a separarnos de vivirlo, no a crear intermediarios, no a entregarlo desde el conocimiento. La tarea es acompañar. Y para hacerlo, es necesario recuperar hacer silencio. Esa es la sabiduría. No está en el conocimiento. Está en el silencio. Y una vez esa relación se vuelve propia, se vuelven a revisar las casas, pues las preguntas qué resolver son constantes. Quién soy y cuál es mi función desde esa relación con el Orden Mayor. Es reconocer dónde es mi asiento, dónde acompaño. Desde……………, acompaño a los hijos/as como padre o madre, a la pareja, a la comunidad, al territorio. Pero desde quien soy. Todos podemos. El que siembra desde el campo. El que comparte desde la educación. El que se entrega desde las medicinas, como médico. El que se sienta a hacer la tarea con el territorio, a la lectura del orden. Todos podemos. Y cuando el asiento propio está claro, no hay que buscar nada más. Desde ahí, podemos participar del orden del todo. 
 
El camino de regreso va a ser largo, para algunos doloroso, e implica cambiar patrones de vida para pensar en el bienestar de todo, por el orden del todo, desde la lectura, no la interpretación, del Orden Mayor a partir de la Ley de Origen de cada uno. Es el momento para hacerlo con rigor, no rigidez. No podemos darnos el lujo de no hacerlo. Si no lo hacemos, corremos el riesgo de ser como el adolescente que está empeñado en acabar con la casa sin escuchar el consejo. Y finalmente, nos terminarán expulsando de la casa.”

Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Sencillamente MARAVILLOSO, Alegria q haya llegado a mi y yo a Ustedi. Abrazo

  2. Sabias palabras, que nos sirven de gran ayuda en estos tiempos tan interesantes que estamos viviendo.

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